Las vacaciones tocan a su fin; En el pueblo el jaleo y el
ruido de los coches ha bajado de volumen. Después de la fiesta de agosto los
veraneantes que se habían desplazado hasta el pueblo contentos y felices para
disfrutar de un merecido descanso, han llenado sus maleteros de cachivaches los
mismos o algunos más de los que habían traído y !ala¡ para el lugar habitual de
residencia.
De nuevo nos espera
la rutina del trabajo, la oficina el taller, la carretera, el aula
etc.
Cuando los
publicistas de turno a través de la pantalla nos empiezan a lanzar mensajes y
mas mensajes: "compre usted los libros y el material escolar a mejor precio"
los niños comienzan a poner cara de videojuego a ponerse de mal humor. Cuando
los padres comienzan a preocuparse más por el lugar de residencia que por el
apartamento en la playa, es que algo ha cambiado o está a punto de cambiar; las
vacaciones se están yendo al traste.
El río de los
Ángeles donde hemos pasado tantas tardes
de baño y sol se va quedando solitario y callado; en sus orillas sólo queda
algún chico como despistado intentando atrapar algún pez, también despistado
con la red verde que compró en la tienda de Maruchi.
Ya comienza a
aflorar el hastío el mal humor el síndrome post -vacacional que lo llaman los
psicólogos; a cursi me suena.
Esa piscina natural que hace unos días estaba llena a
rebosar, con ruidos, risas, carcajadas,
juegos pelotas, barcas, etc. Ya está quieta y serena, solo de vez en cuando
Maxí el del chiringuito la atraviesa a hora que puede y le dejan las faenas del
restaurante con su piragua a toda velocidad.
En esta tarde
silenciosa de final de agosto concretamente el día 29, a mí también me está
afectando esta reflexión un tanto triste. Cuando intento plasmarla en el folio
sobre la mesa blanca del chiringuito, siento un poco de tristeza porque
dentro de unos días, se termina este
descanso y solaz.
¿Será la vida un
sueño? como decía el poeta, o ¿será una realidad, como pensamos casi todo hijo
de vecino? a veces pienso que la vida es una pesadilla de mal gusto que nos
asalta cuando más despierto estamos. Hay realidades tan dura que mejor fueran un
sueño. Y hay sueños tan dulces que mejor fueran una realidad.
Somos un cúmulo de
sentimientos revueltos y encontrados; en nuestro interior, a veces no podemos
controlarlos, afloran a nuestra mente como movidos por una fuerza misteriosa
que habita en lo más recóndito de nosotros mismos
Algunos salen
pintados de colores y al salir la sonrisa aflora a nuestros labios; otros lo hacen de negro que nos hacen
llorar. No hay mayor pérdida de tiempo y energía que estar lamentando lo que
pude hacer y no hice, o lo que hice y no debí hacer.
Lo dicho, somos
eso…una auténtica contradicción, un
misterio irresoluto, un crucigrama sin desarrollar, un partida de ajedrez en
tabla; somos como los cántaros de leche que sobre su cabeza lleva la lechera,
tropieza y… se acabó el cuento; el cuento iluso de nuestras ilusiones y
esperanzas, poco realistas.
Las ilusiones que
no tienen una base en la realidad de la vida, son como si nuestra cabeza fuera
una pajarería, y en un descuido un niño, abre la puerta, y se acabó todo, los
pájaros volaron y me dejaron la cabeza vacía.
Me estoy volviendo
un poco pesimista, siempre me pasa igual; soy dado a la melancolía, que pienso
que es el recuerdo del pasado pero con tintes de tristeza. Algo tienen que ver mis cabellos blancos y
grisáceos que llevo como corona de la vida.
lo dicho, a trabajar toca y con entusiasmo si podemos; si miramos para atrás veremos que otros no tienen tanta suerte como nosotros que llegamos a nuestro puesto y podemos entrar... AZUL Y NIEVE.
FLORENTINO.
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