OBSERVANDO CON TRISTEZA…
Estoy mirando sin
mirar el agua del río de los ángeles; pequeñas olas vienen… y pequeñas olas
van… producidas por un viento rachado que sopla a ratos, viniendo río arriba, a
contra corriente para morir poco después.
El agua está de un
verde sucio, casi toda la piscina natural y a trozos se hace transparente, donde
los álamos de la orilla se reflejan en constante movimiento por el zarandeo de
sus ramas, de este viento fuerte.
Acaba de lanzar al
agua una piedra, un rapazuelo, solitario, llegando al centro del agua y
formando hondas y más hondas buscando la orilla donde al perder fuerzas mueren
sobre la arena.
Es bello el pasaje,
el vetusto puente de piedra con sus seis ojos, dibuja con su silueta de medio
punto distintos cuadros donde predomina el verde de los pinos de la sierra a lo lejos.
Esta tarde
calurosa el río discurre tranquilo y sin prisa entre sus dos orillas sin
inmutarse ni parar a contemplar el paisaje diferente que va dejando tras de sí en sus
orillas.
Es bello y
silencioso el río de los ángeles; a medida que avanza el estío se hace más
débil su canto silencioso mientras va lamiendo las piedras del cauce.
Tuve la oportunidad, muchos otoños de contemplar el mismo
paisaje, pero de muy distintos colores, predominaban los amarillos luminosos de
las hojas de los chopos a punto de caer formando una bella alfombra sobre la
orilla del río, hasta los rojos intensos.
Para terminar.
Hay paz en el silencio, en la semi soledad, que tengo, en los
diálogos a media voz que llegan a mí de lejos; en las nubes blancas que a
rato se encargan de quitarme el sol de mi mesa de escribir y de mi cuaderno…
El sol, sale, el
sol se oculta a capricho de una nube navegante que se interpone entre el sol y
yo.
Aquí queda por hoy
a lo mejor esta reflexión va a parar a mi blog, acompañada de una foto del río
y el puente. Seguro.

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