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sábado, 8 de septiembre de 2012

OBSERVANDO


 
 
OBSERVANDO CON TRISTEZA…

   Estoy mirando sin mirar el agua del río de los ángeles; pequeñas olas vienen… y pequeñas olas van… producidas por un viento rachado que sopla a ratos, viniendo río arriba, a contra corriente para morir poco después.

   El agua está de un verde sucio, casi toda la piscina natural y a trozos se hace transparente, donde los álamos de la orilla se reflejan en constante movimiento por el zarandeo de sus ramas, de este viento fuerte.

   Acaba de lanzar al agua una piedra, un rapazuelo, solitario, llegando al centro del agua y formando hondas y más hondas buscando la orilla donde al perder fuerzas mueren sobre la arena.

   Es bello el pasaje, el vetusto puente de piedra con sus seis ojos, dibuja con su silueta de medio punto distintos cuadros donde predomina el verde de los pinos de la sierra a lo lejos.

    Esta tarde calurosa el río discurre tranquilo y sin prisa entre sus dos orillas sin inmutarse ni parar a contemplar el paisaje diferente que va dejando tras de sí   en sus orillas.

     Es bello y silencioso el río de los ángeles; a medida que avanza el estío se hace más débil su canto silencioso mientras va lamiendo las piedras del cauce.

Tuve la oportunidad, muchos otoños de contemplar el mismo paisaje, pero de muy distintos colores, predominaban los amarillos luminosos de las hojas de los chopos a punto de caer formando una bella alfombra sobre la orilla del río, hasta los rojos intensos.

    Para terminar.

Hay paz en el silencio, en la semi soledad, que tengo, en los   diálogos a media voz que llegan a mí de lejos; en las nubes blancas que a rato se encargan de quitarme el sol de mi mesa de escribir y de mi cuaderno…

   El sol, sale, el sol se oculta a capricho de una nube navegante que se interpone entre el sol y yo.

    Aquí queda por hoy a lo mejor esta reflexión va a parar a mi blog, acompañada de una foto del río y el puente. Seguro.

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